Barrio Muelle

La historia que nos marca como comodorenses

La historia que nos marca como comodorenses

Cada punto geográfico y territorial de Comodoro Rivadavia nos relata una historia, la "construcción social del paisaje" nos recuerda que los lugares no son solo espacios físicos, sino escenarios donde el tiempo, la naturaleza y la acción humana han dejado su huella, como nos recuerda Miguel Ángel De Boer en sus escritos En “barrio Muelle” y Km.3.

  

El llamado “Barrio Muelle”, ubicado otrora frente a la costa de Kilómetro 3, se denominaba oficialmente “Barrio Almirante Brown” y era uno de los tantos barrios del yacimiento fiscal. 

 

Según una reconstrucción de la historia del Área de Investigación del Museo Chalet Huergo de la Municipalidad del año 2023, dicho sector surgió a partir de la necesidad de afincar a los trabajadores que realizaban sus tareas diarias vinculadas al muelle de Y.P.F., junto a sus familias.  El barrio consistía en una serie de casas bajas, una al lado de la otra, en línea recta, frente al mar y debajo del terraplén de la playa de tanques de almacenaje de petróleo.

Prosiguiendo en esta línea, frente al conjunto de casas pasaban las vías del ferrocarril, allí existía una garita –una casilla chica- que se usaba como apeadero del mismo, donde subían y bajaban quienes vivían o trabajaban en las cercanías como la señora Nelly Álvarez de Sarna, quien menciona en su libro de memorias que a la salida de la Escuela N° 2 (en la década del ’40), los alumnos tomaban distintos caminos rumbo a sus barrios.

Entre ellos, los que vivían en el barrio Muelle bordeaban o caminaban sobre las vías del ferrocarril para llegar a sus casas y, a veces, el conductor de la zorrita que llevaba obreros por allí, los reconocía y los alcanzaba hasta el lugar. Además señala que “no es lo habitual, pero cuando ocurre, las manifestaciones de alegría se dejan oír entre risas y charlas, con la promesa de que, en un próximo viaje, otros serán los que puedan acceder a este paseo y regresar de la escuela de esta manera tan atractiva” (2008:145).  

 

El barrio “Muelle” se recuerda como una zona peligrosa para habitar debido a su cercanía con los tanques de petróleo, también solían inundarse las casas con alguna marea extraordinaria. Asimismo, años más tarde, hubo un desmoronamiento en la loma que se encontraba detrás del barrio que provocó el fallecimiento de un niño que habitaba allí. Por ese motivo, construyeron un muro de contención detrás para evitar una desgracia similar. 

En este orden, dos accidentes cercanos al barrio permanecen vivos en la memoria de quienes habitaron ese microbarrio: uno de ellos fue el choque de las autovías el 12 de agosto de 1960, y el otro, el incendio del buque tanque Director Madariaga de Y.P.F. en 1965.

En esta oportunidad, nuestro relato se basará en el primero, el cual ocurrió cuando colisionaron una autovía del Ferrocarril Nacional Patagónico que había partido desde la Estación central de Comodoro Rivadavia hacia Astra y el coche motor N° 32 que había salido desde Sarmiento hacia Comodoro Rivadavia. El choque sucedió entre la parada del ferrocarril del Muelle y la de la Gamela de Empleados. El tren que venía desde Sarmiento se había quedado sin frenos y no pudieron avisar antes que la autovía saliera desde Comodoro Rivadavia. Hubo muchos heridos y fallecidos. Los vecinos del barrio Muelle y también de otras partes “del 3” fueron a ayudar a los heridos. 

 

El choque de los autovías

Miguel Ángel De Boer narra este episodio señalando que “estaba anocheciendo  y nos encontrábamos cenando en mi casa con mis padres y, creo que, una visita. Recuerdo que el tiempo era calmo y hacía algo de calor - tal vez lo rememore así porque mi papá estaba en camiseta-, disfrutábamos tranquilamente del final de otro día que había transcurrido con una lentitud muy distinta a la de los tiempos actuales. Fue entonces que un estruendo que semejó una tremenda explosión, irrumpió la calma estremeciendo nuestra casa y todo el barrio, escuchamos y salimos corriendo para ver qué había pasado”.

De Boer recuerda: “no solo nosotros, sino la mayoría de los vecinos salimos impactados y asustados para ir a ver lo que había ocurrido. Los chicos fuimos los primeros en llegar, acostumbrados a correr más que caminar casi naturalmente. Fue entonces que nos encontramos con una escena impensada, inimaginable, cual era ver a los dos autovías, el que venía de Sarmiento -que era el grande- y el que venía de Comodoro, el más chico, incrustados uno dentro de otro, conformando una masa amorfa de hierros retorcidos, que desafiaban nuestra capacidad de pensar con coherencia, pues nos parecía increíble que aquello estuviera ocurriendo”.

“Más aún porque al acercarnos los gritos de dolor y espanto, provenientes de la más absoluta oscuridad en la que estaban inmersos los autovías, hacían que la escena nos atravesara todos los sentidos, como si una onda arrolladora nos fuera envolviendo en algo fantástico y siniestro. Aún tengo presente que mi papá fue uno de los primeros en llegar, y como la puerta del autovía más chico -la chanchita- estaba trabada por el impacto, mientras alguien iba en busca de una barreta o algún elemento para abrirla, él no tuvo mejor idea que pegarle una tremenda patada con lo que logró entrar junto con otros vecinos. Lo que siguió después sólo cabe describirse como horroroso”.

En esta línea –expresó- “cuerpos vivos, muertos, mutilados. Ayes de dolor, gritos, quejidos, aullidos. La misma puerta del autovía arrancada de cuajo, improvisada como camilla donde llevaban a los heridos; casi todos los vecinos colaboraban con lo que tenían a mano: toallas, vendas, gasas, algodón, cobijas, frazadas, sábanas, agua. Todo lo que pudiera servir para trasladar a los heridos, tapar a los muertos, cubrir las heridas, parar las hemorragias, fijar las fracturas, era traído desde las casas”.

“No recuerdo como pasó, pero en un momento todo estaba más iluminado, lo cual, junto al ulular de las sirenas de las ambulancias del Hospital, daba aún más dramatismo a la escena, a la vez que el alivio de saber que ya no estábamos únicamente los del barrio afrontando tamaña tragedia. Aún me acuerdo de algunos rostros, de algunas heridas espantosas, de algunos cuerpos ya sin vida. Como la de uno de los motorman, que pude ver que sacaban por una de las ventanas (como sacaron a un sinnúmero de pasajeros), cuya forma semejaba la forma de un cuerpo humano, tal el destrozo que presentaba”.

El vecino continúa relatando que, “el autovía que venía de Sarmiento se había quedado sin frenos, y que cuando el aviso llegó a Comodoro el autovía local ya había partido. Las desafortunadas discordancias de los accidentes, las coincidencias que concurren para que una tragedia tenga lugar. No recuerdo hasta qué hora estuvimos, pero si tengo presente que era tardísimo y la mayoría de los vecinos del barrio permanecimos hasta que no quedó nadie en el lugar; salvo la policía que quedó custodiando”.

Para cerrar concluyó: “cuando regresamos a mi casa, al cabo de un rato, mi mamá tuvo un tremendo ataque de nervios, luego de haber colaborado cuando pudo sin moverse en ningún momento del lugar del accidente.  Aún perdura en mis oídos la angustia de su llanto, y tengo por testimonio de su tremendo coraje,  el que haya aflojado - si así puede decirse- después de haber hecho todo lo que estuvo a su alcance para ayudar. Como hizo todo el barrio, los vecinos del Muelle y del 3, a quienes conservo como los protagonistas de uno de los actos solidarios colectivos más conmovedores de mi infancia”.

Adiós querido “Barrio Muelle”

En tanto, el 29 de marzo de 1966 ocurrió un hecho que puso fin a la existencia de este barrio con una violenta explosión de gas en la casa de la familia Lema, producto de un incendio en el canal evacuador a cielo abierto por donde se eliminaban desechos de nafta y petróleo que circulaban desde la playa de tanques hasta la costa. A raíz de este fatídico accidente, levantaron el barrio y trasladaron a las demás familias a otros puntos de Kilómetro 3. En el lugar donde estaban las casas hoy se encuentra una estación de carga de combustible.

Algunas de las familias que habitaron en el barrio durante las distintas décadas de existencia fueron: De Boer, Lema, Garrido, Dietsche-Campoy, Martínez, González, Breitenbucher, Castillo, Rabinad, Ergas, Campoy, Almirón, Traba, Scarulli, Casasola, entre otras. 

 

Cada recuerdo en la memoria territorial de aquellos ciudadanos que habitaron y fueron parte de la historia de Km.3, se verán reflejados en los siguientes reglones de este tan sentido poema:

 

VIEJO MUELLE...QUERIDO!

Cuando te vi

como un gigante solitario

herido

no pude contener mis lágrimas

 

Y me remonté como en un sueño a tantas historias

de muertes tristes

y amores bellos

A una infancia de "restinga" en el verano

A la "zorrita" que nos llevaba a la escuela

Al tren gritón incansable con su carga

y al "autovía" en el que viajaba feliz pero...

(aún rememoro la tragedia de aquél día)

A la aventura de ir en barco en la lanchita

trepando por la "escala de gato"

o bajando en el "cajón" hasta la "chata"

 

El sol parecía deshilvanarse más tranquilo en aquellos tiempos

acariciando a los lobos somnolientos

jugando con gaviotas y toninas

saludando a los cardúmenes de peces

(inundando mis ojos de hermosura)

En tanto...

¡Cuántos hombres!

¡Cuántos!

La piel engrosada de salitre

Los rostros golpeado por el frío

Las manos gastadas de viento y de tormentas

Dejaban todo

para ir a atracar un petrolero

(no había navidades ni años nuevos)

¡La vida dejaban!

¡Sus almas y sus cuerpos!

Envejeciendo de apuro

a fuerza de sacrificio

de alcohol

de esmero

Rudos

Nobles

Ingenuos

Amaban el mar y su trabajo

nutriéndose de océano

( mi padre estuvo entre ellos)

Ya antes se había ido el barrio

de cuajo quedó deshecho

( y una flor que yo amaba se llevó el fuego)

Viejo muelle...querido

Sé que estás lastimado

 

Pero si sabes lo que está pasando

no mires

Dejá tu cabeza hundida

( total, siguen usando tu esqueleto)

Todo ha cambiado

¡tanto!

A tu gente la están yendo

con un sabor amargo

y el corazón lleno de pena

(sobremuriendo)

Para ellos

Para vos

son estos versos

 

Y aunque en este cruel naufragio

haya que seguir con los remos

ni el tiempo ni las cenizas

podrán tapar mis recuerdos

 

Miguel Ángel De Boer

Ubicación
Abásolo y Dr. Scocco
Costanera, Comodoro Rivadavia (Chubut)


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